Cultura, Artes y Tradiciones
La Tapicería

Como grandes ganaderos, los argelinos son muy buenos para los tejidos y los tapices.

La alfombra argelina se distingue por sus formas y estilos auténticos, a pesar que se han introducido algunos toques modernos.

La variedad de alfombras ilustra la mezcla de culturas que marcaron al país, a través de la historia.

Las alfombras de los Haracta (Aurès) y de los Nememcha se parecen, por ejemplo, en las formas.  Las de Kabilia y del Este (Maâdid y Guergour, M’sila y Sétif) mantuvieron los motivos bereberes a pesar de la introducción de algunos toques orientales.

Las alfombras de Ait Hichem (Kabilia) donde predomina la estampería popular rural son las más representativas del arte berebere.

Entre los más conocidos, citemos la alfombra de Djebel Amour (Altas planicies y Sudeste del país) que es el fruto de una gran ingeniosidad en el tejido, de una gran austeridad, de una bella armonía en los tonos, constituyendo así la más bella muestra de Argelia en la materia.

En el Sur, la alfombra del Oued Souf tuvo influencias otomanas así como las de Beni-Izguen, mientras que las alfombras de Doukkali de Adrar y de Timimoun están muy marcadas por su diseño ancestral.

Las alfombras de Babar (Tébessa, Khenchela), del M’zab, de Ghardaia, de Cherchell, de Guergour, de Tlemcen y de Maâdid, son las otras variedades de este arte tradicional muy bien conservado y reproducido a mano sobre todo en los tapices de Cherchell.

La Cerámica

El trabajo de la cerámica, un arte puramente urbano, basado esencialmente en Argel, fue enriquecido por la dinastía de los Hamadites, la que le dio nuevas aplicaciones, en particular en los ladrillos verdes, las balustradas moriscas y las tejas troncónicas.

En la línea de la alfarería, la cerámica copia en la tradición las técnicas de fabricación.  Nos recuerda el arte conocido por los Persas entre los cuales la miniatura, la decoración en madera, el grabado y la caligrafía;  conjuntos de lavamanos estilo arabesco, potes y bomboneras con dorado, servicios de café, diversas vasijas y jarrones y otros objetos de adorno constituyen lo esencial de este arte presente en Argelia.

El Grabado

Los artesanos del grabado existen en Argelia desde la Edad Media, y han conocido varios estilos basados particularmente en los objetos de uso doméstico (bandejas, lámparas, etc…).

Algunos testimonios de este arte todavía están disponibles en forma de floreros, bandejas (grandes siniyas finamente cinceladas, couscouseras trabajadas, aguamanil y palanganas cuyas formas están fuertemente influenciadas por los artes turco y persa.

El grabado de Argel, de Tlemcen, de Chardaia, de Constantina y de Tindouf son los más célebres de este arte, el cual todavía se practica, pero desgraciadamente sin la fineza y la precisión de antaño.

La Alfarería

La alfarería está presente en el patrimonio nacional.

Sin dudas es la región de Kabilia la que mejor ha mantenido este arte ancestral con una variedad de objetos que van del florero al salsero, a la tinaja y la jarra de agua pasando por el cántaro y el jarro.

En el Sur de Adrar, en el ksar de Tamentit, se desarrolla un nuevo tipo de alfarería:  la alfarería negra con nuevas formas sacadas del universo ancestral de la región.

La Marroquinería y la Escultura de Madera

La marroquinería y la escultura de madera son las otras artes tradicionales practicadas en Argelia y que sufrieron los efectos del tiempo y de la modernidad.

La marroquinería era célebre en Tlemcen, Medea y Tamanrasset, donde todavía está muy presente con sus bolsos de viaje touareg, el morral de silla o djebira y las famosas billeteras o touallabt.

El trabajo de la madera es esencialmente un arte de decoración para los ciudadanos urbanos, en las puertas, ventanas, vigas, baúles y muebles.

La madera esculpida se desarrolló con un sello típicamente local sobre todo en Kabilia y en Tlemcen donde los artesanos buscan motivos que provienen del tejido y de la alfarería.

El Arte Culinario

La cocina argelina es una de las más abundantes del mundo.  Pero no ha podido ser llevada al rango que le corresponde.

Por su historia, la cocina argelina es el crisol donde se fundieron muchas razas y civilizaciones!  A Esto agreguemos la diversidad regional que hace del repertorio gastronómico uno que constituye un verdadero mosaico cultural nacional.

Tradicionalmente, las comidas cotidianas son más bien sobrias y generalmente están compuestas de verduras de la estación, acompañadas de pan.  El couscous es obligatorio al menos una vez por semana.  A pesar que hoy en día las influencias europeas están presentes, los argelinos no perdonan las reglas que rigen en la mesa durante las fiestas, conmemoraciones religiosas, noviazgos, matrimonios, circuncisiones, funerales, etc.  La comida es el cimiento de los lazos, un acto de comunión.  Es el reparto de la sal.

Las sopas tomarían varios capítulos en un libro de cocina.  La Chorba, H’ira, Jari, Hassoua, cualquiera que sea su nombre, provienen del mismo principio, carnes, aves, hortalizas, verduras, cereales, habas, arvejitas, perejil, cilantro, menta, etc.

Tienen un lugar preponderante tanto en los menús familiares como en las recepciones.

Un Jari a la Constantina es un verdadero aroma de pollo y de carne ovina con trigo triturado y salado.  La h’rira que proviene de la cultura de Oran es una crema de levadura y verduras secas donde hierve el cordero, con media docena de especies y aromas:  jengibre, canela, fenugrec, alcaravea, y las fragancias perfuman la atmósfera al momento del servicio casi diario porque es muy popular.  Las sopas nunca se sirven en una mesa vacía.  Se deberán servir zanahorias y betarragas en “chermoula” con pimientos cocinados o en conserva, aceitunas y diferentes ensaladas.  Algunas de esas delicatessen necesitan conocimientos para prepararlos, tal como el kherdel a la argelina en el cual diversas frutas con preparadas agri-dulces y condimentadas con granos de mostaza (kherdel).

Los boureks, crujientes, y diversamente rellenos, también se sirven junto a las sopas como acompañamiento.  Después vienen los platos de fondo que son muy importantes.  Un viajero europeo habla de la importancia de los condimentos en el siglo XVIII: “Donde los ricos, también se sirven muchos platos de almendras, dátiles, mermeladas, productos lácteos, miel y una multitud de otros comestibles similares” además agrega: “en sus fiestas vi que servían hasta doscientos platos que estaban preparados al menos de cuarenta maneras diferentes”.

Aunque perdió sus aspectos pantagruélicos, la carta nacional ofrece un amplio repertorio de especialidades. Tajines, esto depende de dónde usted se encuentre en Argelia;  este término designa tanto preparaciones en salsa en Oran como un aperitivo en forma de pastel o de budín de carne y de legumbres liado con huevos en el Este del país.

En una diffa (recepción) en Tlemcen le servirán un m’hamar, asado de cordero, generalmente pierna, salteado en mantequilla, cebollas, canela, azafrán que se moja ligeramente y se pone a hornear hasta que la carne esté tierna.  Una soffra, mesa de Argel, le ofrecerá el refinamiento de un m’touéme (con ajo), carne molida en bolitas cocidas al vapor y condimentadas con almendras en su interior. En otro lado, lo honrarán con un plato de pastas.

Biskra es reputada por su chakhchoukha.  Hojas de pasta de sémola cocidas como panqueques, cortadas en pedazos y bañadas con una suculenta salsa.

En Blida, tendrá la tentación de una rechta de pollo cocido con nabos y garbanzos.

Bou-Saâda se distingue con el z’viti,  plato reservado a los comensales con paladar resistente, ya que es en base a pimientos machacados y muy fuerte.

El rey de los platos es el couscous.  Se sirve siempre con todas las salsas posibles e imaginables.  Uncouscous de cebada al zapallo en una terraza de Timimoun será un recuerdo inolvidable.  En Constantina usted puede tener el honor de degustar un m’ziyate o couscous de amigos, un plato de realeza en base a semola de trigo escaldado.  En primavera, Médéa le ofrecerá un mesfouf, couscous sin salsa, generalmente con mantequilla, con arvejitas y/o habas frescas y acompañado de l’ben(leche cortada).

Los pescados mediterráneos (dorado, mojarra, róbalo, pez espada, cazón, atún…) y otros crustáceos (camarones, langostas, langostinos…) son el patrimonio de las regiones costeras.

Por supuesto que ninguna comida puede imaginarse sin pan.  Hoy en día todavía se elabora el pan en la casa y es muy consumido en base a trigo, cebada, sémola de trigo duro.  No olvidaremos de mencionar la taguella, antiguamente en base a mijo y hoy día reemplazado por sémola cocida en cenizas y que constituye ella misma la cena, acompañada simplemente de té.

Para el postre, el uso de frutas es una costumbre reciente.  Los dulces se reservan para el té y el café.  Hechos con almendras, nueces, sésamo, fritos, cocidos al horno, con almíbar o miel, se transmiten de madre a hija.  Hoy podemos encontrar makrout, baqlawa, fanid, griwech, araich, etc… en las buenas pastelerías y, para terminar, nada mejor que un buen té a la menta a la moda en Béchar o un café Frara que los Djelfa tienen el secreto.